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Sentir, hacernos preguntas y compartir

En el mar del confinamiento parece que experimentamos gratitud por la salut propia, tristeza por la falta de salut de otros, perplejidad por el presente, alegrías por reencuentros, añoranza por separaciones, días de bruma por el exceso de lo que nos rodea, celebración por el trabajo que se mantiene y preocupación por el que desaparece…

Después del desconcierto inicial y de la hiperactividad siguiente, observo que en nuestras conversaciones hay cada vez pensamientos más reposados y que asoman INQUIETUDES de futuro, como una corriente de fondo que aboga por salir a la superficie.

Disfruto las conversaciones donde estas inquietudes profundas afloran, con pocas palabras, tiempo lento y emoción. Compartir de verdad, lejos de bloquearme, me ayuda a procesar y a sentirme conectada con los demás.

Con todo el respeto por la diversidad, y por tanto, por las personas que genuinamente se siente estupendamente estos días, rompo una lanza por aflorar inquietudes sin tapujos y no taparlas con multitud de haceres o con frases “happy”, por no buscar certezas acudiendo a recetas simples, por hacernos preguntas con humildad, por prestar atención a lo que emerge y compartirlo.

  • ¿a qué normalidad queremos volver?
  • ¿qué de bueno ha emergido y queremos que se quede? ¿cómo lo sostenemos?
  • ¿qué ha sucedido que nos muestra en clarito y trasparente lo que ya había? ¿qué queremos hacer con ello?
  • ¿qué costuras se han roto y ya no queremos remendar?
  • ¿qué necesita curas?
  • ¿cómo infundir energía, desde la empatía y vulnerabilidad?
  • ¿cómo me reubico?
  • ¿qué futuro traigo al presente?, ¿qué presente llevo al futuro?
  • ¿qué posibilidades se nos han abierto/cerrado?
  • ¿qué está en nuestra mano?

Abrazar y compartir las preguntas e inquietudes para procesar juntos lo que nos ocurre y dar paso al aprendizaje.

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